Peques con daño cerebral adquirido

En la entidad donde mi dueño trabajaba, pude aportar mi granito de arena (o de pelos) jugando con peques y adolescentes con daño cerebral adquirido o sobrevenido. Un duro golpe para estos peques y sus familias, sin duda, donde la rehabilitación, como en mi caso, se hace obligatoria, para mejorar la calidad de sus vidas. 

Y quién mejor que yo para enseñar a otros que el entrenamiento y rehabilitación tiene un propósito, y que puede ser incluso divertida, ¿verdad?. Las veces que acudí me recibieron siempre con los brazos abiertos. Yo llevaba distintos juguetes y juegos con los que hacer del proceso terapéutico, algo genial. 

Así, los peques accedían al tratamiento y al esfuerzo que suponía de una forma mucho más motivada, y deseando que volviera la siguiente semana. Y es que es muy diferente para ellos/as, pasar de hacer la rehabilitación normal a que aparezca un guaperas como yo.

Otras veces, todo lo que tenía que hacer era sentarme o tumbarme al lado del peque o joven, y quedarme quieto para que pudieran alcanzar a mirarme y rascarme, cosa que para ellos/as era toda una proeza llena de motivación, ya que como resultado del daño cerebral padecían baja consciencia y control. A mi me parecía estupendo todo, yo tumbado y recibiendo comida...

¡la vidorra padre!